¿Dios Existe?

Si nos encontramos un televisor perfecto en la calle y alguien nos dice que nadie lo ha hecho, que se ha hecho por casualidad, no le creeríamos y dudaríamos de que estuviera en su sano juicio. Pues bien la maravilla del ojo humano más perfecto que la mejor cámara fotográfica, o del oído, o de la circulación de la sangre, o del fantástico ordenador que es el cerebro humano, la sinfonía de los miles de animales algunos tan grandes como el elefante, o tan pequeños como los virus y microbios, unos que vuelan, otros que nadan y otros que caminan por la tierra, la armonía de los astros, el sol, la luna, los planetas, las estrellas que están tan lejos de nosotros que en un millón de años viajando a la velocidad de la luz (a aproximadamente 300.000 Kms. Por segundo) no las alcanzaríamos, todo ese fantástico cosmos con el hombre incluido que es capaz de pensar y amar, no puede haberse hecho por casualidad : necesariamente tiene un Hacedor de una inteligencia tal que nuestros hombres más sabios son a su lado apenas un poco de polvo.

Decir que las maravillas que nos rodean se han hecho por casualidad, es aún más disparatado que decir que un televisor se ha hecho por casualidad, que nadie lo ha fabricado. Pues bien este Hacedor Inteligentísimo del Universo es Dios.

Por otra parte, vemos que existen seres en el Universo, seres que en el caso del hombre y de los animales proceden de otros seres, los hijos de sus padres y así sucesivamente. El primer animal, el primer hombre ¿de dónde han salido? No podemos decir que apareció de la nada, porque de lo que nada es, nada puede salir. ¿El primer planeta, la primera estrella, de dónde han surgido? Necesariamente proceden de algún ser que ya existía, pues de lo que no existe no puede surgir nada. Siempre ha tenido pues que existir un ser. Existe así un ser eterno: A este ser le llamamos Dios. (Respecto a la objeción de que la materia y el Universo son eternos, y respecto a la objeción de que los hijos proceden de sus padres y estos de los suyos y así indefinidamente, véase al final de este apartado, la respuesta a las objeciones).

Luego, por otra parte, en la vida siempre buscamos un sentido, una lógica, trabajamos para poder vivir bien, nos cuidamos para tener salud, queremos que nuestros hijos sean felices, etc. Queremos una vida que tenga sentido para nosotros mismos y para nuestros seres más queridos. Y ¿nos tendremos que resignar a que el conjunto de nuestra vida sea absurda?: Es decir ¿a que acabe más pronto o más tarde en el vacío, en la muerte, en la nada?.

De esta manera nuestra vida sería un continuo engaño, haríamos cosas que aisladas tendrían sentido, pero en su conjunto sería todo un “sin sentido”, un desatino, un absurdo, una locura. Algunos pensadores ateos dicen que para salir de esa angustia, de ese dolor, de ese “sin sentido” nos inventamos a Dios, como lo necesitamos, nos lo inventamos:

Pero ya admiten que lo necesitamos, y en la Naturaleza a toda necesidad auténtica corresponde una realidad que la satisface:Los animales acuciados por la sed buscan agua y esa agua existe; el recién nacido busca con sus labios el pezón henchido de leche y esa madre y ese pezón existen. Si experimentamos hambre es porque existen los alimentos. Pues bien, si experimentamos hambre de Dios es que Dios existe:

Ese Dios que da un sentido a nuestra vida, que cuando muramos en su amistad nos acogerá en una vida feliz que no se acaba, ese Dios que es Padre y que cuando nos sentimos solos y abandonados de todos es nuestra compañía, nuestro consuelo y nuestro apoyo. O una de dos o la vida es un absurdo, lo cual sería contrario a la racionalidad que vemos en todos los hechos y seres naturales, o bien tiene sentido. Quien da sentido a la vida es Dios. Por tanto si llegamos a la conclusión que la vida tiene sentido, que merece la pena vivirla en su conjunto, es que existe Dios. Esta conclusión es casi instintiva, nos la dicta nuestro corazón además de nuestra razón.

Se puede defender una razón cruel que nos condene a ser huérfanos en un mundo absurdo, pero esa razón desesperada, es una razón antinatural. Lo natural es creer que todo tiene sentido, lo natural en la Naturaleza es el optimismo, si no, no se podría vivir. Ahora bien quien da sentido al conjunto de nuestra vida es Dios. Por tanto esto es una prueba más, no meramente lógica, de la existencia de Dios.

Otro aspecto que nos muestra la existencia de Dios es el sentido moral: En nuestras acciones experimentamos que cuando obramos de determinada manera correcta o incluso heroicamente correcta, tenemos paz, satisfacción y alegría, y que cuando obramos mal, tenemos remordimientos, malestar, insatisfacción: podemos intentar acallar esa voz distrayéndonos, huyendo, disipándonos, en el sillón de un siquiatra, o en el frenesí de una vida alocada, pero en la soledad, cuando estamos a solas con nosotros mismos, esa voz resurge y si hemos obrado mal no nos da paz hasta que corregimos lo malo. Ahora bien si fuésemos seres autónomos y soberanos absolutos de nosotros mismos, no experimentaríamos esto: todo lo que nos diera la gana estaría bien para nosotros. Esa voz, la voz de la conciencia, de aprobación o de reproche, nos habla de que existe alguien ante quien nuestras acciones están presentes, y que las juzga, dándonos la alegría y la paz por nuestras buenas obras y el remordimiento y el desasosiego por nuestras obras malas. Este Ser que nos habla a través del sentido moral, de la conciencia, como Legislador, Juez y también Padre infinitamente misericordioso es Dios.

Por otra parte, entre los seres que pueblan el Universo está el hombre que tiene inteligencia. Ahora bien, si pensamos que el Universo está formado de materia inconsciente, sin inteligencia, ¿de dónde ha surgido la inteligencia del hombre?: De lo menos no puede surgir lo más: Es absurdo pensar que de lo que no tiene inteligencia haya surgido un ser inteligente. Luego el hombre ha sido originado por un Ser Inteligente y Consciente. A este Ser le llamamos Dios. (Respecto a la objeción del panteísmo, de que el propio Universo es inteligente, véase la respuesta a las objeciones al final de este apartado).

Por otra parte, en el Universo apreciamos seres, paisajes, fenómenos que son de una gran belleza, desde los peces de fantásticos colores de las profundidades del mar a los pájaros variopintos que surcan el aire, o los miles de animales terrestres enormes y diminutos, desde los amaneceres y los arco iris, verdaderas sinfonías de luz, a las grandiosas tempestades que sacuden la Naturaleza, desde el vegetal, desde las flores que alegran la vista hasta el hombre y mujer llenos de belleza. Y en el comportamiento de algunas personas podemos ver ejemplos de bondad y de santidad, la de un P. Kolbe que sacrifica su vida en un campo de concentración a cambio de la vida de un padre de familia y que mientras agoniza canta y hace cantar a sus compañeros de muerte cruel, hasta un P. Damián que entrega su vida a los leprosos y muere leproso. El Ser que les ha infundido vida ha de ser, pues, dado que estos seres bellos y buenos o santos son limitados y no tienen en sí mismos la razón de su existencia, pues, fuente de Belleza increíble y de Bondad y Santidad también inconcebible, y si es fuente también Él ha de ser inconcebiblemente Bello y Bueno y Santo. A este Ser inefablemente Bello, Bueno y Santo le llamamos Dios.

Y además este Ser – Dios – que podemos conocer por nuestra razón y nuestro corazón, pero que es invisible, se ha manifestado a nuestros sentidos: No sólo en tiempos pasados como atestigua la Biblia, y especialmente la persona de Jesucristo, sino que también en tiempos recientes y en la actualidad se suceden apariciones, milagros, libros inspirados, y personas cuya vida y muerte es santa. De entre estos hechos prodigiosos que avalan un mensaje procedente del Cielo llamándonos a cambiar nuestra vida espigamos el Milagro del sol en las Apariciones de la Virgen en Fátima (Portugal) el 13 de Octubre de 1917: Milagro anunciado por la Virgen el 13 de Julio de 1917:

“En Octubre diré quien soy y lo que quiero, y haré un milagro que todos han de ver para que crean” (y el 13 de Septiembre del mismo año lo vuelve a anunciar: “En Octubre haré el milagro para que todos crean”). Y el 13 de Octubre de 1917 sucede el milagro: Eran unas 70.000 personas las que estaban presentes y también lo vieron personas que estaban a muchos kilómetros, separadas de la multitud. Vino en primera página de periódicos incluso ateos, y dieron testimonio de él incluso periodistas no creyentes. El milagro consistió en lo siguiente: “La lluvia cesa y el sol por tres veces gira sobre sí mismo, lanzando a todos los lados fajas de luz de variados colores: amarillo, lila, anaranjado y rojo. Parece a cierta altura desprenderse del firmamento y caer sobre la muchedumbre. Al cabo de diez minutos de prodigio toma su estado normal.”

Dios está muy por encima de la razón, y si bien la razón nos puede ayudar a llegar a Él, también puede manifestarse a nosotros por otros caminos, como en el caso de aquel soldado, muerto en combate, en la 2ª Guerra Mundial, y en cuya mochila se halló este escrito:

“Escucha, Dios, yo nunca he hablado contigo…

pero ahora quisiera decirte: ¿Cómo estás?

¿Sabes, Dios…? Me decían que no existías tú…

y yo, tonto de mí, me lo creía todo.

Anoche, desde el cráter de una granada, vi tu firmamento,

entonces comprendí que me habían mentido.

Si me hubiera detenido a contemplar tus cosas

habría comprendido que estaban engañándome.

Dios, quisiera saber si estrecharás mi mano.

No sé… pero siento que me comprenderás.

Es curioso… he tenido que venir a este infierno

para hallar un momento de contemplar tu Rostro.

Bueno, creo que no hay mucho que decir,

sino que… estoy feliz de haberte conocido.

Me parece que pronto llegará la hora cero,

mas no temo, después de saber que estás cerca.

¡La señal…! Bueno, Dios, me tengo que marchar.

Te amo sinceramente… Quiero que tú lo sepas…

Ya ves… esta batalla va a ser algo espantoso…

Y, ¡quién sabe…! Esta noche quizá llegue a tu casa.

Aunque antes de ahora no he sido tu amigo,

Dios, quisiera saber… si estarás esperándome a tu Puerta…

¡Pero… si estoy llorando…, yo…, derramando lágrimas!

Me gustaría haberte conocido desde hace muchos años.

Bien, Dios, ahora sí tengo que irme… Adiós…

¡Qué raro…! Desde que te he encontrado… ya no temo la muerte.”

 

La razón y el corazón se aúnan para decirnos que Dios existe y que es maravilloso.